Vitaminas mágicas y el emprendedor fracasado me dan una cátedra

“Pide y se hará realidad…”

¿Te suena familiar?

Ayer hablamos de lo importante que es conocer al lector. Es más, te conté que las palabras no importan.

Porque si le hablas a la persona equivocada, no van a escuchar. Y si le hablas a la persona correcta, pero no le dices lo que quiere saber, tampoco le va a importar.

Para muestra, te doy el siguiente botón.

Hace varios años, tuve una genial idea (alerta: sarcasmo detectado). La encontré mientras leía un libro sobre las varias maneras que yo, con lo joven que era, podía retirarme pronto y muy, muy rico.

Y pues que te dire. Era joven y por ahí talvez dirían inocente, tonto, baboso…bueno, elige tu adjetivo. Estaba cansado de vivir de mes a mes como músico y decidí lanzarme a una aventura. Eso sí, no deje mi empleo de tiempo completo (y que bueno que no).

Esto es lo que pasó…

Me vendieron, dentro del libro, un autor experto en marketing debo admitir… la idea de unirme a una empresa de network marketing. ¿Qué es network marketing?

Muchos se oponen a mi definición pero la realidad es que network marketing es un sinónimo para una pirámide. 

Los que están hasta arriba se enriquecen y los que están abajo pierden tiempo y dinero. Esto lo entendí muy tarde. Sabes ese refrán: “Muy pronto viejo, muy tarde listo.”

Pero dejando mi opinión personal a un lado…decidí unirme. Pague, en esa época la mitad de mi sueldo mensual (la gran suma de unos $600 USD). Ahora que recuerdo esa era mi renta mensual. En fin, hice el pago y me llego por correo una caja. Pero no era cualquier caja. No señor.

Está caja era enorme y pesaba. En el momento que firme el formulario de recibido que me entregó el señor de FedEx me convertí en empresario. Por lo menos así me lo pintaron. 

Con una inversión de $600 (que me dolió bastante no voy a mentir), yo era ahora dueño de mi propia empresa, dueño de mi tiempo y capitán de mi destino. Y por si te parece poco…tenía ahora en mis manos la guía (una biblia del negocio), todos los productos que vendía la empresa, un mentor. Así es amigos, ese día conocí a mi primer mentor…una señora que le llamaré Conny.

Al recibir la caja, me llamó y me contó su historia personal llena de triunfo. Como ella trabajaba desde su casa, hacía buen dinero y tenía todo el tiempo, (dichosa), para pasar tiempo con sus hijos.

Ese mensaje era dirigido a su típico comprador…padres que están cansados de trabajar y trabajar y sentir que no logran avanzar. Los mismos padres que desean tener el tiempo para disfrutar más con su familia y ver sus hijos crecer.

El problema es que yo tenía 20 años, tenía poca responsabilidad, y no tenía hijos (y tampoco lo estaba pensando). Conny tuvo que cambiar su estrategia.

Me pregunto, “Andrés…que vas a hacer con el primer cheque que recibas?” 

Lo primero que pensé fue pagar mi renta. Pero ella siguió excavando y al averiguar que era músico y tocaba guitarra me pregunto: “como te gustaría comprar una guitarra nueva, de esas que cuestan mucho dinero…esa que siempre has querido…” Buen intento Conny. Te aplaudo.

Le dije que “si” por complacerla, pero más para que me dejara en paz…porque para mí no era importante eso. Verás, (y me voy a ir en una pequeña tangente)…lo importante no es el instrumento, sino el músico que lo toca. 

Y eso aplica aquí también, así que pon atención porque ya viene el clímax.

Al colgar con Conny y abrir la caja me di cuenta de que todos los productos eran vitaminas, cosas de higiene personal y los precios…bastante altos. Yo ya sabía sobre unos de los productos, pero lo que nunca me pregunté fue algo tan sencillo. Tan sencillo como…

“¿A quién diablos le voy a vender vitaminas? Tengo 20 años y todos mis amigos son jóvenes, músicos, artistas, recién graduados. No tienen mucho dinero y talvez la razón más importante…a muy pocos les interesa (o importa) tomar vitaminas en este momento.”

Pero lo intenté de todas maneras…manteniéndome fiel a la idea de la perseverancia y de nunca darse por vencido.

¿Y qué paso?

¡Pues nada! Acaso no estabas poniendo atención…

No vendí ni rosca. ¿Qué que?

¿Estás preguntando por qué?

Por muchas razones, pero la primera es que le estaba tratando de vender vitaminas a personas cuya salud, no era prioridad. Y si lo era, su interés no estaba en tomar vitaminas, sino hacer ejercicio.

Le estaba tratando de vender una solución o una prevención a personas jóvenes. Pero los que realmente necesitaban estos productos…los que querían las vitaminas… y los que tenían lana para pagar el precio exorbitante, eran personas de 50 años hacia arriba.

Entonces, fracase. Y fue lo mejor que me pudo pasar.

Porque allí aprendí mi primer lección.

Si le hablas a alguien de algo que NO LE INTERESA…

Te van a ignorar. 

No importa si eres Winston Churchill, Ronald Reagan, Mahatma Gandhi, o la Mismísima Madre Teresa…

Si no le hablas al lector sobre lo que ya está pasando en su vida en este momento, pierdes.

Pierdes atención.

Pierdes credibilidad.

Pierdes dinero, tiempo, energía y probablemente fe en ti mismo.

Así que para de hacerlo.

Tienes que pensar de ahora en adelante sobre lo que Robert Collier dijo hace muchísimo tiempo: “tienes que poder entrar en la conversación que ya está ocurriendo en la cabeza de tu prospecto.”

Si puedes hacer eso nunca te encontrarás vendiendo vitaminas “mágicas” a personas que les vale…les pela…que no les importa un pepino y también un comino. 

Mañana abro el telón y te cuento como este pelón, encontró una manera peculiar para entrar en la conversación que ya está ocurriendo en la cabeza del lector.