Entra, siéntate en la mesa y tomate su café – sin que sé dé cuenta

Hace un tiempo, fui a un restaurante.

Pero no porque quería comer. 

Verás, me inscribí a participar en una reunión de expatriados. Quería conocer a personas nuevas.

Me sentía un poco extraño porque no conocía a nadie. No soy del país y no hablo el idioma. Sinceramente, no sabia que esperar.

Al llegar me registré y me dieron mi sticker con mi nombre.

Ahora ten en cuenta que era invierno. Yo iba bien emponchado como siempre recomienda mi querida madre, y ese poncho era bien grueso. Y no había donde colgarlo. Un poco extraño pensé. 

Le pregunté a la persona de la entrada pero me dijo que no había donde colgar las chaquetas. Entonces me fui al bar, pedí una bebida refrescante (un jugo de uva disfrazado de sangría)

Vi un grupo ya formado de 5 personas y rompí todas las reglas que me enseñaron de pequeño… interrumpí, dije hola, me presente y me volví, por un momento, parte de una familia bien ecléctica.

Ahora te imaginas que saludar a todos mientras cargas tu chaqueta de invierno en una mano y una copa de vino en otra, se puede volver complicado. Pero lo hice de todos modos. 

Como dicen por mi tierra, “le hice huevos.” Es otra manera de decir, le hice ganas.

Estábamos hablando, cuando un miembro del grupo se volteó, y dijo, “hola, bienvenido!” Había un nuevo integrante. Todos empezaron a saludar y por supuesto cuando le di la mano, se me cayo el vino sobre mis zapatos y la chaqueta. 

Y en ese momento fue cuando esté nuevo integrante…este ángel caído del cielo, me dijo:

“Sabes, yo encontré un lugar para colgar eso. Está justo allí.”

Y sin decir más, gire un poco y me di cuenta de que justo a un metro de la entrada, donde estaba yo parado, (y donde le pregunte al señor de la entrada) había un perchero.

Le di las gracias y me reí. Y al mismo tiempo pensé, “pero que mula…”

¿Por qué?

Muy sencillo y justo como dice el refrán: 

“A veces las cosas están justo debajo de tus narices y no te das cuenta.”

Entonces, ¿cuál es la lección de hoy?

Todo lo que piensan y sienten tus clientes potenciales está libre para que lo encuentres.

Te voy a dar solo una idea y quiero que la utilices hoy mismo.

¿Vendes algún tipo de servicio?

¿Tienes un restaurante?

¿Tienes una ferretería?

¿Vendes productos en línea?

No importa que sea, puedes encontrar que está pensando tu lector, sin tener que preguntarle.

Es más a veces es mejor no preguntar. Porque ni ellos saben que quieren.

Entonces, ¿quieres saber como lo puedes averiguar?

Pon atención.

Ve a “Amazon” y busca libros relacionados con tus productos o servicio. ¿Qué otros productos y libros compran esas personas? Después de hacer esto elige 3-5 productos que tengan por lo menos 30 opiniones o “reviews”.

Ve a las opiniones y lee lo que dicen estos compradores.

Pon atención a las palabras que usan, como se expresan, que les gusta, que no les gusta. Lee las opiniones de 5 estrellas y las de 1 estrella también. Aquí vas a encontrar ideas para comunicar los beneficios de lo que vendes.

Allí vas a encontrar las respuestas que buscas, para entender lo que piensan tus clientes y prospectos…

Allí vas a aprender que les importa y que no…

Allí vas a leer las palabras y frases que usan para hablar de algo igual o parecido a lo que vendes.

Y de esa manera puedes ir abriendo la puerta a su cabeza, sentarte en la mesa, y participar en la conversación. Sin que se den cuenta de que te tomaste su café.

¿Quieres saber como interpretar las opiniones para convertir materia prima en oro?

Tranquilo Camilo\a que ya se me durmió la mano de tanto escribir. 

Tomemos un descanso comercial y te cuento más mañana.