Como cautivar con palabras, aunque 2 de cada 5 esten mal escritas

Más de 60 libros lleva.

Todo empezó cuando era solo un niño. Tomaba cuentos de otros autores y los re-escribía con su propio toque. Agregaba y restaba a su antojo.

Hoy…toda una leyenda.

Stephen King.

En sus palabras: el proceso de edición es donde realmente se escribe el libro. Descartas fácilmente el 20% de lo que escribiste y muchas veces, son las partes que más te gustaron.

Y esto me recuerda de una de las mentiras grandes del copywriting.

Que el arte de escribir copy ocurre casi de forma milagrosa, en una ola de inspiración.

Es posible. Pero la realidad, para la gran mayoría…es algo distinto.

¿Que ocurre?

Escribes algo y después…

(Y este es el mero mero de los secretos…)

Lo editas. Alli está. Ahora ya lo sabes.

Es en el proceso de editar que le das forma a las palabras crudas, a los pensamientos y a todo lo que está sobre la hoja. Solo asi llegas a moldear el mensaje perfecto… tu obra maestra de persuasión, atracción y por supuesto, ventas.

Aquí es cuando encuentras ese bombón de oferta… Algo a lo que es más difícil decir “no”, que abrir billetera, sacar efectivo\tarjeta\bitcoin y comprar. 

Un mensaje tan interesante…tan único…tan distinto a todo lo que está diciendo tu vecino, que el lector no puede hacer nada más que seguir leyendo y preguntar “¿cuando me lo entregas…?”

Y asi como dice el gran copywriter, Joe Sugarman, vas creando un “resbaladero resbaloso”.

Que el título del mensaje capte la atención y no la suelte. 

Que cumpla su misión. 

¿Cual es esa misión?

Animar al lector a leer la próxima oración.

Y que la segunda oración tenga una combinación infalible de “jabs” y “ganchos” convincente lo suficiente para que también lean la próxima oración.

Que ese subtítulo los entusiasme, les prenda la llama de curiosidad para saber que más les vas a contar… y poco a poco, sin que se den cuenta, terminan de leer, sacan su billetera y presionan los números de su tarjeta de crédito en la pantalla.

Y para escribir así, hay que primero editar. Y volver a editar. Y a veces… 

Si, ya se…

Editar de nuevo.

Lo fácil es la primera parte…escribir.

Es cuando te sientas a editar, que tu “erase una vez” pelo rojo, rubio, castaño, o negro va perdiendo un poco su esplendor. Y nacen los pelos grises. Están los rebeldes que se brincan una etapa y se convierten de un solo a blancos.

Y si no tienes pelo en la shola (cabeza), atacan la barba, el pecho. Tengo uno más fácil de encontrar que Waldo, completamente perdido en el brazo izquierdo. Ingrimo y solo.

Pero regresando al tema…

Recuerda esto:

Lo que escribiste rara vez alcanza la perfección a la primera. Lo vas a tener que editar.

Y será difícil, porque “adiós” le vas a decir a pensamientos tuyos que parecen brillantes. Guardalos… puedes hacer algo con ellos en el futuro.

Pero después de escalar está montanita, vas a verlo una última vez y saldrán tus dos amigos imaginarios, uno sobre cada hombro y ambos van a preguntar lo mismo:

“¿Tu escribiste eso?”

Si. 

Pero ocurrió en etapas.

Ya te cuento más después.